Lunes 14 DE Octubre DE 2019
Domingo

Ese embotellamiento llamado país

Fecha de publicación: 06-10-19
Por: Lesly Véliz - Sociedad de Plumas

Pasar tantas horas en el tránsito permite reflexiones interesantes. He llegado a la conclusión de que nuestra cultura vial es un reflejo casi automático de nuestro comportamiento como sociedad. Comparto algunos ejemplos. 

No damos vía. Bloqueamos intersecciones, aceleramos cuando vemos que alguien enciende su pidevías y cerramos el paso a quienes desean cambiar de carril… Con los atascos de esta ciudad, llegar al otro extremo de la calle es prácticamente una aventura.

Este tipo de actitudes se asemeja a los grupos sociales que no avanzan ni dejan avanzar. Simplemente, porque se les antoja, frenan toda iniciativa para que el país salga adelante; son conformistas, egoístas e incapaces de proponer. Se trata de esas organizaciones cuya existencia se justifica en hacer demostraciones públicas de fuerza, aunque estas afecten los derechos de otros: “Si yo no paso, que otro tampoco lo haga”. Sin duda alguna, aquí se concentran los pesimistas que solo viven quejándose y no ven nunca hacia el horizonte, sino solo sus propios beneficios. 

Aquí también se ve reflejado el tema ideológico. Nos cerramos a los pensamientos de otros, simplemente porque son distintos y respondemos con ofensivos reclamos cuando osan incursionar en nuestro espacio. Esto me recuerda al típico bocinazo que recibe alguien que logró incorporarse al carril contrario, a pesar de no haberlo hecho por la fuerza, sino aprovechando un espacio prudente que dejó el otro conductor. En otras ocasiones no bocinamos, sino aceleramos aún más para ganar, pese a que hay suficiente espacio para dar paso a alguien más.

La violación a las leyes. ¿Cuántas veces ha observado que los motoristas hacen un tercer carril al centro? ¿Qué tan recurrente es ver a alguien pasarse un alto o un semáforo en rojo? En mi caso, lo veo todos los días y no debo negar que en algunas ocasiones yo misma he cometido ese tipo de infracciones. Es lamentable que nuestras leyes han sido hechas para romperse; incluso mandatos constitucionales son violados constantemente sin ningún tipo de consideración. A esta situación debe agregarse el pobre y limitado acceso a la justicia. Sí. Al igual que en el tránsito, donde muchas veces debemos tragarnos el coraje de ver cómo las amenazas o intimidaciones de otros conductores quedan impunes, en el plano de las cortes prevalece el tortuguismo y los sesgos de toda naturaleza.

La falta de respeto a las filas y el derecho de paso. En horarios de mayor circulación, es recurrente observar a quienes, llevándoselas de muy listos, no respetan las filas. Se da el caso de que, incluso, aplaudimos a los que hacen maniobras abusivas y peligrosas para adelantarse y robar vía. Aquí, el fin justifica los medios. Pues bien, en el plano social siempre hay personas o grupos que quieren pasarse de listos y son capaces de cualquier cosa con tal de pasar por encima de los demás. En este caso, como en los anteriores, no les importa que haya agentes de tránsito, pues ven a la autoridad sin autoridad. Me recuerda tanto a los que se aprovechan de sus posiciones para vender favores y aprovecharse de los más desvalidos. 

La saturación misma de las calles. Siempre he pensado que esta ciudad se construyó sin mucha visión de futuro. Tener únicamente dos carriles para circular, por ejemplo, en la zona 1, demuestra que cuando se hizo el trazo no hubo consideración del crecimiento poblacional o de la posibilidad de que en un futuro existieran nuevas y mejores formas de movilizarse. Entiendo el origen y la explicación colonial de esta decisión urbanística, pero con el paso del tiempo hubo posibilidades de hacer cambios, pero no hubo ni liderazgo ni recursos para implementarlos.

Esta situación ha llevado a tomar medidas emergentes que resuelven en un punto crítico, pero complican en otro; ha concentrado las respuestas en construir pasos a desnivel, sin tomar en cuenta temas culturales, un transporte colectivo digno o seguridad integral. Lo mismo ha ocurrido con problemas sociales como el desempleo, la educación y la salud. En temas como estos, los gobiernos de turno han aplicado correctivos que atienden las contingencias, pero no garantizan que las generaciones futuras tengan mejores oportunidades. Por ejemplo, no se combate la informalidad, no se plantean soluciones a la brecha de empleo, ni se implementan acciones que garanticen un servicio digno de salud pública, entre otros temas. 

Lamentablemente el país no es un vehículo que pueda llevarse a reparar a un taller, ni es un conductor al que le baste ir a la escuela de automovilismo para aprender a desplazarse mejor por las calles. Sin embargo, esas personas que van en el auto y que pueden marcar la diferencia somos cada uno de nosotros. Al igual que en el tráfico, nuestros valores y acciones tienen un poder peculiar que deben canalizarse de forma positiva. Basta de atascos, basta de percances; ojalá tengamos siempre la luz verde para movimientos constructivos.