Miércoles 22 DE Enero DE 2020
Domingo

Aguijones de acero

Fecha de publicación: 12-01-20
Por: Manolo Vela Castañeda / manolo.vela@ibero.mx

Aquel martes 14 de enero don Fermín Rodríguez sabía que iba a ser un día especial, de esos que nos presentan la oportunidad de llevar adelante una venganza que quedaría clavada como un fino y punzante aguijón de acero.

La vida da pocas oportunidades así, tan nítidas, para tomar venganza por los agravios acumulados; esos que, con paciencia, debieron –en apariencia– dejarse pasar. Tras décadas trabajando en el servicio de meseros de la Casa Presidencial de Guatemala, don Fermín se hizo un maestro en el arte de escuchar los peores agravios para su país y hacer como que no entendía. Ante la mirada escrutadora de los comensales, él debía parecer invisible. No podía permitirse un gesto, una mueca, por milimétrica que esta fuera.

Y fue así como don Fermín vivió estos últimos cuatro años, al servicio del presidente Jimmy Morales (2016 a 2019). Él pasaba tragos finos, boquitas, estaba atento a esos gustos especiales: –que traenos jamón serrano, que pasanos salmoncito, que aquí quieren carpaccio. Y entre risas y chistes, como si estuviera en primera fila, él fue testigo de cómo en las estancias de la Casa Presidencial se negociaron los oscuros pactos que iban a sumir a Guatemala, unos centímetros más, en un inmundo agujero.

Todo empezó en enero de 2016, cuando los operadores de FCN, el Frente de Convergencia Nacional, salieron a comprar diputados para que el partido de gobierno pasara, de 11 a 37 curules. Luego, en septiembre de ese mismo 2016, para detener los cambios a favor de la lucha contra la corrupción, el presidente negoció el control de la mesa directiva del Congreso. 2016 finalizó con la captura del hijo y del hermano del Presidente por un caso de corrupción. Aquel evento iba hacer que los vientos en Casa Presidencial soplaran con firmeza a favor de las mafias. Hacia febrero de 2017, ya con la Asamblea bajo control, con apoyo de grandes empresarios, iba a empezar una millonaria operación de cabildeo en Washington D. C.1 En adelante, todo fue enrocarse y desmantelar la lucha contra la corrupción: el domingo 27 de agosto de 2017, el Presidente grabó un video en el que declaraba non-grato a Iván Velásquez, el jefe de la CICIG, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala. El Ministerio Público intentaba investigar al presidente Morales porque la contabilidad del partido que le llevó al poder no aparecía por ninguna parte. Aquel video fue la oficialización de la declaración de guerra a la CICIG y el comisionado ya no pudo entrar al país. Meses más tarde, en ese 2017, hacia octubre, el Ministerio Público acusó al entonces alcalde de la Ciudad de Guatemala y expresidente (1995-1999) Álvaro Arzú, por autorizar plazas fantasma. Aquel evento le dio a la coalición contra el Estado de derecho, el liderazgo que –hasta ese momento– no había tenido. Luego, en mayo de 2018, al Presidente se le presentó la oportunidad de oro, recuperar el control de la Fiscalía: nombramiento a cambio de protección “para mí y para los míos”. La guinda en el pastel vino en abril de 2019: el control de la Contraloría General de Cuentas, que la alianza mafiosa utilizaría iba para golpear a la oposición política.

Pero don Fermín también fue testigo de otros gustos, más carnales, pero no menos políticos: cuando a la Casa Presidencial llegaban esas pobres patojas que, chantajeadas, temían perder su puesto de trabajo. Eran la carne joven que servía para animar las orgías del Señor Presidente. Para los allegados, aquella era una forma de hacer política por otros medios, complaciendo los apetitos del jefe. Otras veces, llegaba la canciller Jovel a “vender” posiciones en el servicio diplomático; y otros más, que llegaban a negociar el control de los puertos y las aduanas, que en adelante serían las puertas grandes para que por allí pasara de todo.

A lo largo de esos cuatro años don Fermín se fue familiarizando con esta serie de personajes, grotescos y ridículos que, como Pedro por su casa, entraban y salían de Casa Presidencial: empresarios, tan iletrados como conservadores, diplomáticos, jefes de los carteles del narco, pastores evangélicos, operadores del excandidato Manuel Baldizón, detenido en Estados Unidos, operadores de los grandes capos detenidos en Mariscal Zavala, el cuartel militar acondicionado como cárcel VIP que se halla bajo control de estos señores. Conforme el tiempo iba transcurriendo, don Fermín pasó del espanto al asco, y luego a la cólera, esa que corre por dentro, ardiente, que devora el alma.

Y mientras pensaba en todo esto, don Fermín se levantó, y se fue vistiendo, como siempre, frente al espejo desvencijado que tenía en su cuarto, que se hallaba en lo que en otros tiempos fue el todopoderoso Estado Mayor Presidencial. Y de allí salió, acicalado, y con paso triunfante. Aquella mañana don Fermín Rodríguez, parafraseando a Borges, iba a encontrarse con su destino.

Don Fermín esperó a que los comensales terminaran con su desayuno. Sirvió los platos en silencio, hábilmente, en ningún momento alzó la vista. Nadie –en Casa Presidencial– pudo intuir la resolución que don Fermín escondía detrás de la máscara de indiferencia. Pero, cuando iba recoger el servicio, se inclinó sobre el hombro del Presidente, y le dijo al oído: –Señor Presidente, ¿me permite unas palabras? A lo que este, con tono sobreactuado, nervioso, de falsa amabilidad, le respondió: –Claro, don Fermín, faltaba más. –Señor Presidente Morales, quería decirle que es usted el más grande mentiroso que he conocido; una de las cosas que más lamento en la vida es que usted haya contado con esas inmensas capacidades para engañar a tantos hace cuatro años; y, que espero que se pudra en el lugar más inmundo del infierno. Porque usted, señor, pudiendo pasar a la historia como un estadista, será recordado como el peor presidente de la era democrática. Las palabras salieron suavemente, como golpes secos, con el aplomo de los héroes. El presidente Jimmy Morales le miró descolocado, como quien no cree lo que acaba de pasar, y alcanzando la puerta de salida, apenas alcanzó a decirle: –bueno don Fermín, esa es su opinión, terminando de rematar la frase con ese “bendiciones” que le hacía ver dos grados más estúpido de lo que en realidad era.

El tiempo para entregar la banda presidencial –la ceremonia programada para ese mismo día– estaba contado; ahora, caería sobre el pecho del próximo mequetrefe de turno. Y, mientras pensaba en eso, el presidente Morales se dijo, para sus adentros: –Quizá en cuatro años hasta me extrañen. Finalmente, aquí nosotros ganamos, compramos otros cuatro años, se jodieron cerotes, bendiciones.

1 Sobre esto, ver la crónica de Jody García: “Jimmy, Baldizón y estos mega-empresarios organizaron el lobby…” Nómada (11 de octubre de 2018).