Miércoles 11 DE Diciembre DE 2019
Opinión

La verdad incómoda

La historia demuestra en forma reiterada que el Estado tiene una función fundamental que cumplir, y debe hacerlo sin arrugarse.

Fecha de publicación: 13-08-19
Por: Amílcar Álvarez

 

Hace poco divulgaron una encuesta revelando que el descontento con la democracia en América Latina subió del 51 al 71 por ciento, y los indiferentes entre vivir en un régimen democrático y uno autoritario, aumentó del 16 al 28 por ciento en los jóvenes de 16 a 28 años. Entre las causas destacan instituciones desfasadas, gobiernos ineptos y corruptos, impunidad y falta de resultados en sociedades complejas como la nuestra. La juventud pragmática y menos ideologizada exige dirigentes honrados y capaces, empleo, seguridad ciudadana y social, respeto a las minorías y pensiones dignas, pensando con acierto que la democracia no es solo votar en las elecciones. La tecnología empieza a cambiar la forma de entender y hacer política, pasando de formalista y vertical en el siglo XX a horizontal y práctica en el XXI, lo que puede llevarnos a una era de paz buscando soluciones concretas a problemas concretos, si China y EE. UU., no disponen otra cosa.

Una de las causas es la concentración exagerada de poder y riqueza, esperando que la ciencia y la tecnología contribuyan de manera eficaz a disminuir la desigualdad social abismal con calidad educativa, esencial en el avance del conocimiento para erradicar la ignorancia y la pobreza, alcanzando los excluidos un mejor nivel y calidad de vida, valorando su existencia sin someterse a la farsa del modelo actual. La evolución tecnológica terminará con la incertidumbre, cambiando la vida económica y social empezando por controlar el sistema financiero, –el poder real– sin que la codicia de Wall Street invente burbujas especulativas trastornando el mundo como en el 2008. Los países periféricos dejarán el esquema obsoleto de producción, impulsando proyectos de servicios con mayor valor agregado y mano de obra calificada bien remunerada, reduciendo la inmigración convertida por mano peluda en un éxodo bíblico. Si para evitarlo nos convierten en tercera cárcel segura, repetirán el error de imponer políticas iguales a países diferentes sepultando la teoría del Estado soberano, sin entender la problemática regional y global, por un conocimiento limitado de la realidad o intereses ocultos.

La vida económica no puede liberarse del control social y político como desean los integristas, sin pagar las consecuencias, la historia demuestra en forma reiterada que el Estado tiene una función fundamental que cumplir, y debe hacerlo sin arrugarse. Una opción viable para alcanzar bienestar y progreso es la economía mixta, basada en el sistema de precios para su organización económica, enfrentando la inestabilidad macroeconómica y los fallos del mercado interviniendo el Estado, evitando la inseguridad económica, política y social. El reto del nuevo gobierno entre otros es implementarla, incluida una reforma fiscal progresiva –el que gana más paga más– como la vigente en Alemania, Francia y Holanda, con ajustes oportunos priorizando mantener las finanzas sanas y la inversión en salud, educación de calidad, seguridad, infraestructura, etcétera, recuperando al país del desastre sin olvidar su estatus periférico. La ignorancia ilustrada nos tiene a todos contra todos, convertidos en especialistas en hablar y criticar sin hacer nada de nada. Ningún proyecto avanza ni se concreta y seguimos igual, al no existir la voluntad política de priorizar los proyectos de interés social y cambiar el país, sin pedirle permiso a los intocables. Si rectifican y empieza una nueva era, bendecido sea.

La indiferencia de la juventud de vivir en democracia o en una dictadura, sumado al descontento del 71 por ciento con el sistema amerita ser realista, sin amontonarse señoras y señores que para todos hay. No se hagan bolas y tranquilos decidan quien preside la fiesta y dirige la orquesta. Entoncesss… Joya. Caín mató a Abel por orden del Pentágono…