Domingo 17 DE Noviembre DE 2019
Opinión

Nacionalismos autoritarios por doquier (I)

Foreign Affairs de septiembre/octubre 2019 muestra cómo han surgido importantes autócratas en China, Rusia, Turquía, Hungría y Filipinas para entender la crisis de la globalización y el ascenso de un nacionalismo autoritario.

Fecha de publicación: 08-11-19
Por: Fernando González Davison

La democracia pasa una de sus pruebas más grandes en el mundo pues la población que vive bajo regímenes autocráticos es mayor que la que vive en democracia. La globalización abrió oportunidades inmensas en Asia, China en especial, mientras las economías de América Latina crecieron sin acelerar su industrialización. Pero tuvieron ingresos altos con el alza de los precios de materias primas de las que depende aún. Así, muchos gobiernos de la región tuvieron recursos para atender las demandas sociales y bajaron el nivel de la pobreza. Pero, con el “crash” de Wall Street en 2008, vino el desplome de los precios de materias primas, afectando los ingresos de la región y hasta la fecha. En vano se espera su recuperación. Por sus efectos negativos, algunos gobiernos comenzaron a volver el pasado de las dictaduras para reprimir las protestas de los sectores populares. La tentación autoritaria para reprimir a los inconformes de manera violenta viene de las élites temerosas. La inconformidad es un fenómeno mundial que se observa en los jóvenes rebeldes de Hong Kong que defienden su autonomía, o luchan contra la corrupción en Irak y Líbano, o contra el retroceso de atención social en Ecuador, Argentina, o contra el Congreso en Perú o contra el tribunal electoral de Bolivia en las elecciones recientes. La democracia pasa su prueba de fuego con el autoritarismo de Trump y su enciclopédica ignorancia. El régimen autoritario es obvio en China, Rusia, Turquía, Hungría, Arabia, India, Vietnam, Corea del Norte, Cuba, Nicaragua, Honduras, Venezuela… El descontrolado Trump dijo que es amigo de varios dictadores. Foreign Affairs de septiembre/octubre 2019 muestra cómo han surgido importantes autócratas en China, Rusia, Turquía, Hungría y Filipinas para entender la crisis de la globalización y el ascenso de un nacionalismo autoritario.

Rodrigo Duterte, en Filipinas, fue gobernador de su provincia natal Davao como su padre, un territorio donde la contrainsurgencia sigue presente. Aprendió de niño el uso de las armas con las milicias de su padre durante la dictadura de Ferdinand Marcos, creadas por la CIA. Duterte al alcanzar después la gubernatura de esa provincia en varios gobiernos democráticos, mantuvo las mismas formas represivas del gobierno de su padre con sus “vigilantes”. A veces los acompaña a asesinar a narcotraficantes de su provincia. Y desde que asumió la presidencia con votos hace unos años expandió el sistema autoritario de su provincia a toda Filipinas. El pasado violento lo mantiene como su guía y ataca a los defensores de Derechos Humanos. Duterte imita a Marcos pues precreó una élite corrupta. Trump lo felicitó por su excelente trabajo.

En Hungría el actual gobernante Víctor Orban es un intolerante poco democrático a pesar que saltó a la palestra política en 1989 como joven universitario que pidió la democracia y la salida de Moscú al frente a 250 mil manifestantes. Y se constituyó en uno de los dirigentes del cambio. Obtuvo el reconocimiento de sus compatriotas. Trabajó en varios proyectos de George Soros para abrirse camino en periódicos universitarios. En los comicios su partido triunfó y se convirtió en primer ministro y luego en mandatario. En 2010 cambió la Constitución y la retocó con artículos autoritarios llenos de intolerancia. Su película preferida es un spaghetti western con Clint Eastwood como su guía violento. Puso una valla de alambre espigado de casi doscientos kilómetros para impedir la emigración siria y de Afganistán. Se hizo amigo de Putin y de otros déspotas. Moscú le construye ahora dos centrales atómicas. Hungría vive de las remesas de medio millón de húngaros que trabajan en Austria y Alemania. A pesar de esa dependencia, Orban critica a la Unión Europea y a “occidente”, y estos responden que es un oportunista más que ha creado una red para seguir en el poder.