Martes 21 DE Enero DE 2020
Opinión

El legado de Jimmy Morales: la expulsión de los de abajo y el éxito de los de arriba

Fecha de publicación: 14-01-20
Por: Irmalicia Velásquez Nimatuj y Ramón González Ponciano

El día de hoy, 14 de enero de 2020, Jimmy Morales, concluye su mandato como el presidente número 50 de Guatemala, dejando a nuestro país en la más completa oscuridad. Frente a sus políticas, acciones y decisiones, no puede hablarse de luces ni de sombras sino de un inaudito legado de oscuridad, que abruma a 14 millones de habitantes y a poco más de 4 millones que han sido obligados a migrar. Morales, según cifras del Banco Mundial para 2019, deja al 59.3 de la población viviendo en pobreza y al 23 por ciento en extrema pobreza. De esas cifras hay que precisar que el 79 por ciento de la población indígena vive en pobreza y el 40 por ciento en extrema pobreza. En datos impactantes ocho de cada 10 niños indígenas sufren de desnutrición crónica y según el Union Bank of Switzerland, 260 guatemaltecos controlan el 56 por ciento de la economía.  Es decir, el 0.001 por ciento de la población es dueña de más de la mitad de la riqueza de todo el país.

Hace exactamente cuatro años, Morales asumió la Presidencia, la cual ganó con un partido político desconocido, el Frente de Convergencia Nacional (FCN) y con el lema: “ni corrupto ni ladrón”. Hoy esos dos adjetivos son insuficientes para retratar lo que deja tras su paso por el Poder Ejecutivo. Morales entrega el poder y con él entierra al FCN, cancelado por orden del Registro de Ciudadanos en noviembre pasado porque mintió, ocultó y no reportó al Tribunal Supremo Electoral Q8 millones 38 mil, que recibió del sector empresarial para pagar a los fiscales de mesa durante la primera y segunda vuelta del proceso electoral de 2015. Este fue uno de los principales señalamientos que cayeron sobre Morales, como secretario general del FCN y evidencia que desde el inicio de su accionar político, hizo siempre lo contrario de lo que dijo y esa incoherencia entre hablar y hacer, acompañó y marcó la orientación, desde el inicio hasta el final de su mandato.

En su discurso cantinflesco de toma de posesión declaró: “…sabemos que no hay soluciones mágicas pero sí hay magia en el trabajo en equipo, con visión, constancia y perseverancia…”  Otra falsedad. Llegó sin equipo técnico de nivel y desde el primer día al frente de la Presidencia manifestó su incapacidad y la incompetencia de su Vicepresidente y de gran parte de su Gabinete de gobierno. El fracaso de Morales no se debió a su oficio de cómico popular, porque viniera de una clase social media baja o se adornara con títulos académicos obtenidos sin trabajo, sino porque se rodeó de ministros lambiscones, con poca conciencia social e histórica del rol que asumían frente a la nación, como Mario Méndez en el Ministerio de Agricultura Ganadería y Alimentación; José Luis Chea Urruela, ministro de Cultura y Deportes; Luis Chan, ministro de Energía y Minas, posteriormente de  Alfonso Alonzo, ministro de Ambiente y Recursos Naturales, entre otros funcionarios. Morales fue incapaz de construir equipos con profesionales expertos para dirigir la burocracia estatal y técnicos de alto nivel en cada una de las áreas del Poder Ejecutivo. Esa fue su principal debilidad.

Sus intereses personales le impidieron retener a ministras y ministros valiosos y capaces, pese a que aseguró tener muy claro que recibía: “un gobierno con fuertes signos de agotamiento, un gobierno desfinanciado, endeudado, con crisis en las finanzas públicas, un pueblo con una moral tributaria por los suelos, un sistema de salud colapsado, con una red hospitalaria precaria, con deficientes mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, con una alarmante conflictividad social, con una informalidad económica de un 65 por ciento, con una infiltración de estructuras criminales a todo nivel de la institucionalidad pública, y con una sociedad fragmentada que no cree en la política ni en los políticos tradicionales,” (Discurso de toma de posesión 14.01.2016). Sin embargo, deja una situación peor de la que heredó y en lugar de enfrentar con seriedad e idealismo ciudadano, siguió pasivamente los consejos de su mediocre y desidioso vicepresidente, Jafeth Cabrera.

Durante los últimos meses de 2017, la presidencia de Morales se fue tornando cada vez más sinvergüenza y desparpajada, especialmente a partir del proceso iniciado en contra de su hijo, José Manuel Morales y de su hermano Sammy Morales por fraude contra el Estado por tres licitaciones. Con tal de librarlos de la persecución judicial, Morales, olvidó lo que él mismo le pidió al pueblo hace cuatro años: “…hoy les digo hermanos y hermanas guatemaltecas, no nos dejemos robar esa unidad que con tanto esfuerzo se logró alcanzar, mantengamos esa unidad para luchar contra la corrupción.” Lo que pudo haber sido el éxito de su presidencia, Morales lo convirtió en el peor error de su gestión,  expulsar al comisionado Iván Velásquez, para luego iniciar unilateralmente el proceso de cancelación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), amparado por algunos miembros cercanos a Donal Trump y asistido por el trabajo que realizaron en el gobierno Sandra Jovel, Enrique Degenhart, José Luis Chea Urruela, Luis Chan, Mario Méndez, Mario Duarte, Andrés Castro, Alfredo Brito, Álvaro Arzú, Álvaro Arzú Jr., Jorge Ubico, Javier Hernández, Felipe Alejos entre otros, que cooptaron el Ministerio Público y se lo entregaron a la actual fiscal, la incapaz Consuelo Porras, revirtieron la profesionalización de la Policía Nacional, e intensificaron la presión a funcionarios que no se alinearon a sus intereses como el procurador de los Derechos Humanos, Jordán Rodas Andrade.  Además, Morales incrementó las prebendas al ejército y sus acciones propiciaron la compactación de las redes de la narcopolítica, poniendo el territorio, los puertos y las aduanas al servicio del trasiego de drogas, el blanqueo de capitales y la irrupción de aeronaves en nuestro espacio aéreo, muchas de ellas abandonadas semanalmente en todo lo ancho y largo del país. Por ejemplo, en solo 10 meses habían localizado en territorio nacional 39 aviones (“La Hora” 28.10.2019).

En el plano ideológico, Morales se refugió en una moralidad hechiza que apeló al evangelismo misógino y a la doble moral que enmascara acciones ilícitas, desprecia a las y los jóvenes de las periferias y apoya la “limpieza social”.  A pesar de que al arrancar su mandato declaró muy solemne: “quiero hacer un compromiso público como Presidente de Guatemala, ese compromiso es un nuevo pacto, un pacto con Guatemala en el que espero todos me acompañen, por nuestra patria que vuelve a nacer me comprometo a dar lo mejor de mí, a vivir una vida de honor, sacrificio y esperanza, a hacer el bien siempre en público y en privado”. Por el contrario, junto a los ministros de Desarrollo Social; Comunicaciones, Infraestructura, y Vivienda;  Ambiente y Recursos; del Secretario de Inteligencia Estratégica del Estado, del Subsecretario Privado de la Presidencia, y del Secretario de Comunicación de la Presidencia, esa moralina embustera se diluyó en continuas borracheras a altas horas de la noche, con mujeres, finas viandas y licores pagados con los impuestos del pueblo, que llevaron a que el presidente incumpliera con sus obligaciones constitucionales y hasta su propia esposa lo dejara en diversas ocasiones. Literalmente, vivió emborrachado de poder y utilizó el cargo y las prerrogativas de su investidura para librarse de acusaciones de acoso y abuso sexual en contra de trabajadoras del Estado. Esos son otros de sus logros en sentido negativo, que ejemplifican el deterioro institucional y el desprestigio de los poderes públicos en Guatemala.

En cuanto a los pueblos indígenas, dijo en su discurso: “…[soy] un funcionario público que reconoce los saberes históricos de los pueblos indígenas y a ese respecto puedo decir que soy un hombre que entiende cuánto daño ha hecho al país el racismo y la discriminación, también creo que pronto un presidente maya, xinca o garífuna, podrá gobernar está nación y quiera Dios que así sea.” Sin embargo, en esta línea no hizo nada. Sus logros son equivalentes a menos cero y se reflejan en el pavoroso aumento de la desnutrición y la pobreza indígena, y en su cínica oposición a elevar el salario mínimo en el campo y en la imposición de los denominados salarios diferenciados que pauperizan a miles de comunidades. Además, durante su mandato, solo nombró a una ministra indígena, Leticia Teleguario (2016-2018) en la cartera de Trabajo y Previsión Social.  Racismo, clasismo y machismo permearon las estructuras del Estado en contra de la mitad de la población guatemalteca y ni siquiera, apostó a impulsar las controversiales políticas multiculturales de sus antecesores. Al contrario, producto de su crasa ignorancia sobre la historia de las relaciones étnicas de Guatemala y de los prejuicios racistas que caracterizan su historial de comediante, durante su mandato textualmente desaparecieron los pueblos indígenas de la agenda nacional, y a la fecha no sabemos el porcentaje de inversión en las diferentes áreas que influyen en la vida diaria de las comunidades indígenas, que los ministerios y secretarías están obligados por ley a reportar y debieran engarzarse con las políticas públicas de la próxima administración.

Además, su gobierno queda señalado como uno de los más violentos de la era democrática, en el cual aumentó el asesinato e intimidación de dirigentes sociales, sobre todo de poblaciones y líderes que se oponen a la minería y a las hidroeléctricas. Varios de ellos han sido llevados a la cárcel en medio de procesos arbitrarios, como son los casos de Abelino Chub Caal, Francisco Lucas, Bernardo Caal Xol por mencionar algunos.  De acuerdo con la OACNUDH y la Oficina Guatemalteca de Derechos Humanos, entre 2017 y 2019, un total de 106 líderes de derechos humanos, y en particular personas indígenas, fueron detenidos y “presentados como delincuentes”, lo que implica que el “derecho penal se ha usado indebidamente” en contra de ellos.  Además, ni uno solo de los asesinatos de las o los defensores fue aclarado durante su mandato y eso convierte a Guatemala en uno de los países que más violan los derechos de los pueblos indígenas que defienden el derecho a la vida, a la tierra y al control de sus territorios.

En el tema de la equidad y lucha por una vida digna para las mujeres, el resultado es nefasto. Según datos del Small Arms Survey, la tasa de homicidio de mujeres en Guatemala es el triple del total mundial. Y a los feminicidios, se agrega un promedio de 10 mil violaciones por año según la asociación Médicos sin Fronteras. Como parte de este tenebroso panorama, el gobierno de Morales queda como responsable de quemar vivas a 41 niñas recluidas en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, el 8 de marzo de 2018. Un acto de extrema brutalidad que exhibe la falsedad de sus palabras al tomar posesión de la presidencia: “Confío además en el papel histórico de la mujer y la juventud en el desarrollo nacional.”  Palabras que se las llevó el fuego y el viento, y que contrastan con el aumento de la migración de niños y niñas, forzados a dejar el país acompañados o no acompañados, como resultado de la incompetencia de su administración. Morales se mantuvo cobardemente en silencio cuando la prensa internacional reportaba la muerte de niños y jóvenes indígenas en su intento por buscar una vida digna. Nunca honró la memoria de Jakelin Caal Maquin  maya-q’eqchi’ de siete años, Felipe Gómez Alonzo maya-chuj de ocho años, Claudia Gómez maya-mam de 19 años, Carlos Gregorio Hernández Vásquez maya-achí de 16 años entre otros niños y adolescentes que han fallecido, por eso, como escribió la historiadora María Aguilar, a estas vidas las “mató el gobierno de Jimmy Morales, la ineptitud y el servilismo de la canciller Sandra Jovel, el Congreso que legisla para los ricos, los mataron las avariciosas elites,…”  (elPeriódico 16.12.2018).

La historia irá documentando cómo durante su campaña presidencial, Morales usó a los guatemaltecos que viven con o sin documentos en Estados Unidos, recogiendo fondos para después, al llegar a la presidencia olvidarse de ellos. La ausencia de inversión social, la violencia que tiene de rodillas a la sociedad, la persecución y criminalización de dirigentes, los bajos salarios y el derecho a la reunificación familiar, forzaron a millones de guatemaltecos a dejar el suelo patrio, y ahora son el soporte de la economía con sus remesas, que solo en 2019 sumaron la increíble cantidad de 10 mil 500 millones de dólares. Eso no fue suficiente para que Morales tuviera la valentía de defender sus derechos, por el contrario, terminó acorralándolos como animales, dejándolos atrapados en las fronteras, e incapaz de diseñar una política migratoria desde Guatemala, aceptó que Donald Trump interviniera e impusiera un dispositivo con el que se espera manejar la migración, y que a través de acuerdos todavía desconocidos convirtió en “país seguro” a uno de los países más violentos del mundo como es Guatemala. Durante su mandato y como si se tratara de seres humanos que no tienen derecho a una ciudadanía que los reclame y atienda con dignidad, Morales dejó que niños, niñas,  jóvenes, adultos, murieran o vivan vejámenes a manos de la Patrulla Fronteriza.

Una pregunta que todos nos hacemos dentro y fuera de Guatemala es: ¿Cómo pudo Morales sostenerse en el poder, con tanta incapacidad, errores, abusos, delitos y excesos acumulados? A nivel internacional, podemos responder que hoy logra entregar la presidencia gracias al apoyo de la administración Trump, de senadores y congresistas estadounidenses en su mayoría republicanos, de las redes de iglesias evangélicas conservadoras que cobijan a la derecha y ultraderecha internacional, y del crimen organizado que tejieron alianzas con la nunciatura católica guatemalteca, coaligados con operadores del CACIF que cabildearon dentro y fuera del país, y conspiraron para deshacerse de la CICIG.  Morales solo aportó su fantochismo, su capacidad para la mentira y su vocación por el ridículo que, lo ubican entre los peores políticos lumpen latinoamericanos, prohijados por la ola neoliberal iniciada a partir de los años ochenta del siglo pasado. A nivel nacional, se alió con el ejército que terminó ungiéndolo como “kaibil honorario”, y con sectores políticos y empresariales que según el informe final de la CICIG (2019), utilizan el Estado para enriquecerse a través de complejas redes ilícitas e ilícitas, bendecidas por lo más conservador de la iglesia Católica y las iglesias protestantes, y energizadas por un patrioterismo xenófobo con ínfulas anti intervencionistas que cohesionó a lo más retrógrado de la blancura guatemalteca, a los segmentos más racistas de la oligarquía, la clase media alta, y de sectores de las capas medias empobrecidas que movidas por su racismo, desinformación e ignorancia se adhieren de múltiples formas a ese nacionalismo chauvinista.

Finalmente, los logros negativos de Jimmy Morales y Jafeth Cabrera, dejan al país sin carreteras, con obras sobrevaloradas, estados de sitio sin razón, archivos cerrados, y una larga lista de afrentas antipopulares, que en el fondo son logros para las estructuras criminales incrustadas en el poder público y en la narcopolítica, donde figuran de manera prominente conocidos beneficiarios del extractivismo, la privatización neoliberal y la derrama económica generada por el crimen organizado, y ahora por, el trabajo de millones de guatemaltecos que luchan desde el norte y sostienen al país con sus remesas mensuales.

Frente a esto, hoy después de entregar la banda presidencial, Morales empezará a conocer, no solo los límites del poder sino la soledad de este.  Cuando despierte de la borrachera en la que lo mantuvieron, se dará cuenta que, como buen cómico, cumplió con el espectáculo y la función, pero a partir de ahora, empieza lentamente a quedarse solo, encargado al final del día de correr la cortina y de barrer el escenario. Para entonces, nadie lo recordará y con la fuerza del tiempo y la llegada del nuevo rey, su nombre irá estampándose en la historia de ignominia que construyó.  Mientras tanto él, atrapado en el laberinto de su propia soledad no hará sino repetir, una vez y otra vez: “…me comprometo a hacer esto cada día para lograr la Guatemala feliz, la Guatemala inmortal, la Guatemala que todos queremos…”

Stanford, 13 de enero de 2020